Los habitante de Santa Ana son conocidos con el toponímico de santanecos. Cada año en el mes de Julio se celebran sus fiestas patronales en honor a la Señora Santa Ana. Las actividades finalizan el día 26 con una gran procesión por las principales calles de la ciudad. Es una delicia poder disfrutar en esos días del festival del dulce, donde se pueden encontrar ricos dulces artesanales hechos de diferentes frutas y leche, propios de la región, asi como el festival del libro, donde se pueden encontrar gran cantidad de títulos en diferentes temas, pero sin duda la novela sigue siendo el rey del libro al ser el que mas títulos vende. Ese día terminan las festividades con diferentes actos culturales y quema de pólvora. Es un dia muy alegre y es la oportunidad perfecta para disfrutar con amigos y familia. Las festividades inician con 2 diferentes desfiles, el desfile del correo y el desfile de la Cámara de Comercio, los cuales son muy alegres por las bandas musicales que desfilas y las carrozas con sus reinas regalando dulces a niños y adultos.
Los desfiles siempre causan sensación en la población de Santa Ana, tanto por la belleza de sus reinas, como por lo colorido de cada carroza.
El Teatro Nacional de Santa Ana cuya construcción inicio en 1902 y se finalizó en 1910, es el principal centro para la representación de las artes escénicas en la ciudad.
En 1874 se inicia la construcción del edificio de la Alcaldía Municipal de Santa Ana, diseño del Ing. Rafael Arbizú, y bajo la construcción del General Joaquín Pérez y el Arq. Coronado Moreno. La obra se terminó en 1883.Es un edificio muy hermoso con lineas influenciadas por el neoclasicismo francés y neo renacentismo italiano.
No lo parece, pero de los cuatro monumentos nacionales que atesora Santa Ana —todos alrededor del parque central— el palacio municipal es el más antiguo. En 1874 colocaron la primera piedra. En esa época Santa Ana era conocida como el centro financiero de El Salvador. Aún no era la Ciudad Heroica. El cultivo de café les sabía a algunos santanecos a oro ¿O era al revés? Había más de 500 fincas. Incluso tenían su propio banco. En 1890, el billete de 10 pesos de su Banco Industrial exhibía la imagen del edificio municipal: de estilo neoclásico, de dos plantas y con doble fachada de entrada, una sobre el parque Libertad y otra más al oeste. Era la viva imagen del progreso. Una imagen arquitectónica que costó 130,000 pesos de la época, una verdadera fortuna, sin incluir lo que se pagó después por la torre del reloj. La hora fue vista después.
Cuando el siglo XIX se despedía, Santa Ana ya era la Ciudad Heroica. Heroica porque 44 de sus hijos derrocaron en 1894 al presidente dictador Carlos Ezeta, parapetado en la ciudad. Pero, paradójicamente, el Palacio Municipal de Santa Ana se militarizó. La cuadra completa que ocupa el inmueble fue la base del gobernador de la ciudad, y de todo un destacamento militar —con armas y hasta instrumentos musicales— y el cuerpo de bomberos. Todos acuartelados. De eso existen varias fotografías color sepia, en las que se observa a los militares formados en el patio del palacio. Un cuadrángulo totalmente empedrado, que hoy es de puro cemento, adornado por un querubín orinando el agua de una fuente. También son evidentes, en las fotos, las persianas de madera que revisten el pasillo del segundo piso, las cuales subsisten aún.
El palacio tiene resabios de la época de la milicia. Al menos en la tradición oral. Donde hoy se ubica la clínica municipal, en el ala derecha, antes se llamó Salón Azul, y aseguran que estaba pintada con los colores de la bandera nacional. Allí se reunía el Ejército. A mediados del siglo XX pasó a ser el Salón Rosado, y allí se contraía matrimonio civil o se realizaban actos protocolarios. Hoy no es ni azul ni rosa, pero la fisonomía del edificio poco más ha cambiado, por dentro y fuera, durante el último siglo. Se mantiene casi inalterado.



